Fundamentos del Cristianismo

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Todos los cristianos (católicos, protestantes, ortodoxos) tienen al menos una cosa en común, siempre han aceptado la inspiración divina de la Biblia y la han reconocido como la Palabra escrita de Dios y según la declaración de Juan Pablo II del 20 de abril de 2002 en la reunión de las Sociedades Bíblicas, “la Biblia es la palabra de Dios”. La enseñanza que se transmite allí es una enseñanza divina, a través de textos históricos, poéticos, relatos mitológicos, cuentos, parábolas. ( Hermenéutico)

La Biblia no necesariamente dice la realidad en el sentido de evento, sino que enseña lo que los cristianos llaman “el plan de salvación” para una humanidad dominada por el mal. Los personajes, ya sean reales o simbólicos, no tienen una importancia primordial. Cada uno de ellos aporta una concepción complementaria sobre el gran conflicto entre el bien y el mal. Conocer la enseñanza básica del cristianismo e ignorar la de la Biblia equivale a escribir la historia de Francia sin consultar ningún archivo.

Desgraciadamente, hoy en día es común que a un artista, historiador o a un popular hombre de la televisión le pregunten sobre Dios, la política, el Islam o la geología, mientras que a menudo sólo conoce los recuerdos de la infancia o los clichés preconcebidos. Confiar sólo en el auto estudio es intelectualmente sabio y prudente.

Bases del Cristianismo

Siendo Jesús de religión judía, es necesario, por tanto, conocer la religión que él mismo practicó. La base del judaísmo está contenida en lo que llamamos el Antiguo Testamento. Según él, el hombre es malo, separado de Dios, mortal, pero un mesías (ungido, consagrado, enviado) debe venir a enseñar, corregir (en el sentido de rectificar), revelar el camino que puede conducir al hombre a otra vida, eterna, después de ésta, que en realidad es sólo un período de “preparación”.

Para ayudar a los hombres a mejorar, se le dieron recetas. Todo el mundo sabe (este era el título de una famosa película) “Los Diez Mandamientos”, contenidos en el libro del Éxodo, capítulo 20. Sólo el respeto de sus 10 leyes, aseguraría la paz en la tierra, tanto parecen perfectas, permitiendo creer en su inspiración divina. Ningún arqueólogo, por cierto, encontrará en ninguna civilización de la tierra un texto de ley tan antiguo y perfecto.

Pero estas leyes, transmitidas por Moisés, no sólo no se extendieron sobre la tierra, como estaba planeado, sino que fueron burladas por el mismo pueblo al que fueron entregadas. Los profetas del pueblo judío sabían que estas leyes eran insuficientes, presentaban de manera arcaica algunos rasgos del carácter divino. La esperanza de un “mesías” (salvador liberador) que aclare esta revelación, es una constante entre todos los escritores de la Biblia hebrea. Hay cientos de textos.

 

Es en Jesús, cuya historicidad está hoy fuera de toda duda, que los cristianos, pero también los musulmanes (¡sí!) reconocieron a este “mensajero”. Desafortunadamente, no todo el mundo está de acuerdo con la naturaleza de este ser excepcional. Algunos (católicos, ortodoxos, protestantes) ven en ella una encarnación de lo divino en lo humano, María habría sido fecundada por la célula divina, convirtiéndola en la primera madre de alquiler (esto es lo que se supone que debemos celebrar en Navidad delante de nuestros famosos belenes). Mientras que otros ven en este personaje sólo a un profeta (musulmanes, algunos judíos), o a un hombre, hijo de José y María, pero hijo de Dios por adopción (arrianos, cátaros, testigos de Jehová).

Huyendo, como siempre, de las guerras de las doctrinas y de la religión, dejo a cada uno la elección, según sus estudios personales, de tal o cual naturaleza del carácter central de los Evangelios. Simplemente presentaré su mensaje.

En primer lugar, debemos saber que él no fundó ninguna iglesia, ni ninguna estructura. Cuando se le pregunta dónde y cómo se debe adorar a Dios, responde que no hay un lugar preciso, sino que la espiritualidad debe ser puesta allí, siendo Dios “Espíritu” (Juan capítulo 4). Así que no conocemos ninguna imagen de Dios, o cómo es. También nos recuerda que los ritos no son beneficiosos, sólo transmiten una enseñanza. Propone a sus discípulos sólo dos ritos (también llamados sacramentos) destinados a recordar los actos precisos de la vida espiritual del hombre.

1°) El bautismo, que San Pedro definirá por el signo, no de un borrado de toda culpa, sino de un compromiso público de cambiar la propia vida (1ª carta de Pedro, capítulo 3, derramada 21). Quien ha recibido este sacramento se compromete conscientemente a seguir la enseñanza del cristianismo, lo que, como veremos, no es tarea fácil.

2°) La Pascua o comunión (o la escena), representada por pintores famosos, recordando su encarnación y la pérdida de su vida en la tierra para los hombres (porque es bueno para ellos que él vino), el pan y el vino son ejemplos de lo que alimenta, por lo tanto, da vida.

Demasiado para los ritos básicos del cristianismo. Son sencillas, permiten adherirse oficialmente a ellas y aceptar el cambio de vida que de ellas se deriva.

Veamos ahora sus enseñanzas. En todos los textos de los Evangelios descubriremos cómo cambiar nuestras vidas. Basta leerlos para descubrir sólo la bondad, la caridad, el amor, la misericordia, la tolerancia, el perdón, la humildad, el servicio. Si se hubiera inventado este personaje, su autor habría tenido la noción de perfección de carácter. Nada en su vida es una contradicción. Pero la llamada que dirige incesantemente al hombre, en todas las circunstancias es: “sígueme”, imitame.

Sígueme en este camino de amor, misericordia y perdón. Leyendo estos textos, cada uno puede descubrir que el compromiso del cristiano es mucho más “puntiagudo” que el de los judíos que observan sus diez mandamientos. No sólo no debemos matar, sino ni siquiera tener malos pensamientos de odio, ira o venganza. No sólo no cometer adulterio, sino no pensar en ello. No sólo no robar, sino también codiciar.

San Pablo, el primer teólogo de la era cristiana, dijo: “No hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero” (carta a los romanos, cap. 7). ¿Es inútil? No, porque el cristianismo es una religión de promesa. Una de ellas es que quien voluntaria y públicamente acepta cambiar su vida (a través del bautismo) recibe ayuda, la cual a través de los años transforma lo humano. ¿No es posible? ¿No creéis que muchas cosas transforman al hombre durante su existencia? ¿Crees que tu personaje no evoluciona (en el bien, espero que para ti y tu séquito)? Hay influencias que nos amasan a lo largo de nuestras vidas. Sufrimiento, alegría, educación.

Pero también hay influencias impalpables. ¿No crees que el amor no es un poder capaz de transformar a un ser egoísta y pendenciero en un buen padre (madre) de familia y en un buen marido (esposa)? Así, pues, el mensaje central de los Evangelios es el amor de Dios y de los hombres. El amor, el deseo de hacer el bien a su alrededor, es una fuerza invisible puesta a su servicio. Esta es una de las diferencias entre humanos y animales. San Pablo usará esta expresión “el hombre animal” sobre el que vive sin reconocer a Dios. Es el amor, la clave del cristianismo, como lo presenta su carácter central, el que se llamaba a sí mismo “Hijo de Dios”.

Es también una promesa que muchos cristianos tienden a olvidar. Nuestra civilización no es eterna y este Jesús que, según los Evangelios, ha resucitado, debe volver para restablecer otra civilización de paz y justicia para todos los que han aceptado metamorfosearse a su imagen. Esta noción es permanente en todos los Evangelios. Esta bendita esperanza del fin de este mundo horrible, en el que vivimos por otra vida, eterna y sin sufrimiento, fue el leitmotiv de todos los primeros cristianos. Este fue el mensaje central del apóstol Pedro en su segunda carta capítulo 3.

¿Cuándo será? Esta es la pregunta que se hace cada generación. Pero no importa la fecha porque para cada ser humano el fin de su vida corresponde al fin de su mundo. Es durante los breves años que el hombre pasa en la tierra que toma su orientación para esta nueva vida. Es la libre elección de un camino que no puede ser impuesto a nadie por ninguna influencia, presión o autoridad.

Usted se sorprenderá al descubrir que los fundamentos del cristianismo son muy simples. Todo lo que se ha añadido posteriormente es una multitud de prescripciones que sólo tienen valor si no ocultan la primera. Este es el reproche que Jesús reprochaba constantemente a los judíos que habían multiplicado hasta el infinito toda clase de ritos y ordenanzas incomprensibles, olvidándose de amar al prójimo.

Ir a la iglesia para un bautismo, una boda, un funeral nunca ha hecho a un cristiano. Ir allí todas las semanas. Si no hay en este enfoque un acercamiento con el ideal a alcanzar, es una vez más sólo un rito vacío de todo sentido que termina por cansar, y sin duda explica la descristianización de nuestra sociedad. El resultado es un gran vacío que busca llenar el creciente sectarismo de ideologías no siempre muy “católicas”…

Siguiendo el siguiente enlace usted tendrá acceso a un fácil conocimiento de la Biblia y descubrirá, sin tener que buscar demasiado, la esencia de lo que es el objeto, durante más de 20 siglos, de tantos estudios, controversias, pero también de profunda meditación y regla de conducta para más de dos mil millones de individuos en todos los continentes.

 

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