La Agonia del Cristianismo

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El título de este libro puede ser confuso. Hay que señalar, por tanto, que el gran filósofo español utiliza la palabra agonía en su doble sentido original, que es el de lucha y decadencia que precede al fin. La lucha en cada momento de la existencia entre la fe del creyente y su condición de hombre social. Lucha continua

¿De que trata?

La agonía del cristianismo es una de esas obras paradójicas y biscornus, punto dispar, único si se piensa en vincularla a otros textos existenciales como los de Kierkegaard o Chestov (2), apreciados por buenas plumas españolas como José Bergamín o Manuel Arroyo-Stephens.

En su Prefacio, el traductor evoca las circunstancias atormentadas durante las cuales Unamuno publicó en 1930 su texto escrito en 1924 en “un estilo propio de lucha” (p. 7), un texto “extremadamente personal e íntimo, donde vibran las angustias difusas de toda una época” (p. 7). 8, todo el prefacio está en cursiva) que podemos considerar con razón como una agonía en el primer sentido griego del término, que el gran escritor recuerda cuando declara que la agonía es ante todo una lucha..: “Lo que voy a exponer aquí, lector, es mi agonía, mi lucha por el cristianismo, la agonía del cristianismo en mí, su muerte y resurrección en cada momento de mi vida íntima. 23).

Finalmente, este texto recuerda el sentimiento trágico de la vida de 1913, en el que Unamuno escribió: “Mientras no consiga perder la cabeza, o incluso mejor que la cabeza, el corazón, no renunciaré a la vida, me alejaré de ella” (3).

¿Por quién fue escrito?

Este poderoso libro fue escrito por Unamuno durante su exilio parisino doce años después de Du Sentiment Tragique de la Vie (1913). Recuerda que Unamuno es ante todo un gran autor europeo, que sigue los pasos de Pascal o Kierkegaard. Exiliado a Canarias por Primo de Rivera después de haber desafiado al Rey de España, Unamuno se fue a Francia donde, en el sufrimiento y la soledad, escribió este breve ensayo que tiene por objeto la fe, entendida como un esfuerzo personal y verdadero y no como una práctica social.

Recordando con delicadeza, erudición y fuerza que, sin este esfuerzo, sin esta constante lucha y lucha por conquistar y recuperar la fe y la verdad del cristianismo, toda la vida religiosa y espiritual está condenada a la muerte y a la desaparición, propone una inclinación hacia un ascetismo siempre renovado que participa en el mundo para vivirlo mejor.

Planteando como problemática la institucionalización de las religiones y la angustiosa necesidad de libertad para quienes quieren mantener viva y encarnada la vida del espíritu, Unamuno recuerda la necesidad del compromiso personal y la responsabilidad que cada individuo, que desea ser, tiene consigo mismo.

Gran filósofo, novelista, ensayista y poeta, hoy clásico en España pero injustamente olvidado en Francia, Miguel de Unamuno (1864-1936) es una de las grandes figuras de principios del siglo XX en Europa; su labor como filósofo pre existencialista y sus valientes posiciones políticas no deben hacernos olvidar su obra literaria, a la vez angustiada, irónica y divertida.

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