La Esencia del Cristianismo

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La esencia del cristianismo puede ser explicada por el hombre. En La esencia del cristianismo, Ludwig Feuerbach elucida el fenómeno religioso desde una antropología materialista. Su tesis es que la religión es el resultado de un antropomorfismo que priva al hombre de la realización de sus infinitas aspiraciones al someterlo a la idea de que son privilegio de la divinidad.

La esencia del cristianismo es la alienación.

El punto de partida de Feuerbach es la diferencia entre el hombre y el animal: el hombre posee una conciencia y una vida interior impulsada por la razón, la voluntad y el amor. Sin embargo, el individuo es muy consciente de la imposibilidad de alcanzar los fines infinitos -verdaderos, buenos y amorosos- de estas facultades finitas a su propia escala, por lo que las transfiere a à una entidad imaginaria trascendente (Dios), cuando en realidad pertenecen sólo a la especie humana. La hipótesis de este antropomorfismo tiene muchas implicaciones”.

La conciencia de Dios, detalla Feuerbach, es la conciencia del yo del hombre, el conocimiento de Dios es el conocimiento del yo del hombre. De su Dios conoces al hombre, y a la inversa del hombre, a su Dios: los dos son uno. Esta es] la esencia de la religión en general” (La Esencia del Cristianismo). Esta transferencia constituye una alienación en la medida en que el hombre pierde su esencia al colocarla en una entidad externa, Dios.

En la práctica, conduce a la marginación de la razón humana en favor de la ilusión religiosa, y a la ciega sumisión de la humanidad a una figura fantástica en cuyo nombre se producen conflictos innecesarios. Feuerbach ve la religión como un obstáculo para el progreso.

La esencia del cristianismo revela la identidad de la religión y la filosofía.

Feuerbach postula que toda filosofía deriva de una fuente pre-filosófica que es difícil de identificar porque ha traducido sus principios en sus propios términos. La filosofía es más precisamente una transcripción no reconocida de la religión, cuya alienación preserva ocultándola bajo una terminología secular – es una teología disfrazada. Este análisis de la religión, por ejemplo, destaca la cercanía profunda que une la filosofía especulativa de Hegel, cuya abstracción separa al hombre de su experiencia, y la idea de la providencia cristiana.

Por supuesto, huelga decir, afirma Feuerbach, que la filosofía o la religión en general, es decir, sin tener en cuenta sus diferencias específicas, son idénticas […] A los ojos de la religión o al menos de la teología […] es indispensable mantener siempre la diferencia esencial entre religión y filosofía. (Esencia del cristianismo). Por lo tanto, la verdadera filosofía requiere la inversión de la alienación en la que se basa la religión y el rechazo radical de toda especulación absoluta, inmaterial y autorreferencial.

Sobre todo, el filósofo debe basar su reflexión en sus sentidos y centrarse sólo en las realidades apropiables por la actividad sensible. Feuerbach profesa así un materialismo total donde el pensamiento sólo puede nacer del objeto y no generarlo.

La esencia del cristianismo es la divinización de la humanidad.

Feuerbach argumenta que permite al hombre descubrir su propia esencia, depositada en una entidad externa trascendente. Sin embargo, el despertar de la conciencia humana le hace comprender que su relación con esta entidad es sólo una proyección ingenua de su relación con la especie humana; en lugar de incitarlo a abandonar por completo los valores religiosos, lo lleva a reapropiarse de los atributos que ha abandonado ilusoriamente a la divinidad.

Dios es la interioridad manifiesta, explica Feuerbach, el yo expresado del hombre; la religión es el descubrimiento solemne de los tesoros escondidos del hombre, la confesión de sus pensamientos más íntimos, la confesión pública de sus secretos de amor” (La Esencia del Cristianismo). Puesto que esta verdad hace del hombre un fin en sí mismo, significa que toda la humanidad proporciona al individuo la auténtica trascendencia de su existencia, que él es su verdadero Dios; por eso le pide que haga suyos los propósitos de toda la especie.

Este ateísmo preserva los valores religiosos tradicionales, pero los seculariza para dar al hombre la plena responsabilidad de su destino. Constituye un humanismo en el que el hombre sólo puede obtener su salvación entendiendo que él mismo es el ideal que ha buscado. Así pues, Feuerbach considera el cristianismo, y más generalmente la religión, como un primer paso histórico necesario para revelar la esencia del hombre.

Lucas relata las parábolas del “buen samaritano”, el “hijo pródigo” entre otros, y añade en relación con los otros evangelios:

Las últimas palabras de Jesús a sus discípulos,

sus palabras de camino al Calvario,

las palabras de los otros dos crucificados,

la Ascensión de Jesús.

Evangelio según San Juan

 

Cuarto libro del Nuevo Testamento, atribuido a San Juan, escrito alrededor del 97 en Asia Menor, en Efeso. Al igual que el de Marcos, no hace alusión al nacimiento de Jesús, a su infancia, pero a diferencia de los otros tres Evangelios, es más doctrinal que impulsado por eventos. Proclama que “Jesús es como Dios“, mostrando su naturaleza divina. Se abordan tres temas fuertes: la luz opuesta a la oscuridad, la muerte y la vida, la búsqueda del conocimiento.

 

Consta de las siguientes partes principales:

prólogo, famoso por “En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios”. Se cita a San Juan Bautista hablando de Jesús: “Yo dije de él:’El que viene detrás de mí, ha pasado delante de mí, porque antes de mí estaba'”.

presentación de Jesús como Cristo o Mesías; 7 milagros realizados por Jesús, entre ellos: bodas en Caná, multiplicación de los panes, curación de un ciego, resurrección de Lázaro.

retorno del Hijo al Padre; relato de la Cena del Señor con la Eucaristía; último discurso y oración de Cristo, traición a Judas, arresto de Jesús, juicio, crucifixión y sepultura. Resurrección de Jesús, apariciones a María Magdalena, a los discípulos y a Tomás que no cree sin ver.

Juan concluye: “Jesús hizo muchas otras señales delante de los ojos de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

 

Hechos de los Apóstoles

El libro de Hechos, el quinto libro del Nuevo Testamento, es la segunda obra de Lucas. Data de unos 75 años y es la fuente del nacimiento de la Iglesia cristiana desde Jerusalén hasta Roma. La vida de Paul es como la mitad del libro. Se compone de 5 partes que contienen esencialmente:

el nacimiento de la Iglesia en Jerusalén, La muerte de Esteban y la conversión de Pablo, el primer gran viaje de Pablo, el Concilio de Jerusalén, Las misiones de Pablo, El encarcelamiento de Pablo en Jerusalén, luego en Cesarea, luego en Roma, esperando su juicio.

El libro se revela como una teología del Espíritu Santo.

 

Las Epístolas

Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento, que anuncia de manera visionaria el fin de los tiempos y el juicio final. Revelación viene del griego apocaluptein que significa “quitar el velo”. El autor dice que su nombre es Juan, el texto contiene muchas alegorías y símbolos, se habría escrito alrededor de 90. El Apocalipsis se dirige a las “siete iglesias de Asia”, es decir, a todas las iglesias. Él entiende:

una serie de cartas a las iglesias, pidiendo a los cristianos que permanezcan fieles en la persecución.

un conjunto de visiones entre la resurrección de Cristo y su victoria definitiva contra el mal, en forma simbólica: los siete sellos, las siete trompetas, la mujer y el dragón, la gran ramera, el reinado de mil años, la futura Jerusalén.

La Revelación anuncia una ruptura entre el mundo caracterizado por el pecado y el mal, y el mundo venidero, el del reino de Dios.

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