Los pecados mortales

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En la tradición católica y ortodoxa, los pecados mortales corresponden a los pecados de los cuales todos los demás pecados fluyen1. De ahí su número simbólico de’ siete’, sugiriendo la totalidad de los pecados. Así pues, la palabra “capital” no está relacionada con la gravedad (p. ej., no aparece el asesinato; no aparece la blasfemia; no aparece la blasfemia).

Viene del latín caput (“cabeza”), comparado con la parte del cuerpo que dirige el todo: el pecado capital conduce a otros pecados. Por esta razón, la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino indica que la designación de “vicios” sería más apropiada que la de “pecados”.

Los pecados mortales

Los siete pecados mortales identificados por Tomás de Aquino son la astucia (o pereza espiritual), el orgullo, la gula, la lujuria, la codicia, la avaricia, la cólera y la envidia.

El primero en reconocer un número de lo que él llamó pasiones fue Evagre el Póntico, un monje ascético y teólogo (nacido en Ibora, en la región de Pont en 345 – murió en el desierto de Nitrie en Egipto en 399), alumno de Gregorio de Nazareza, quien fue inspirado por listas de Orígenes menos formalizadas. Evagre divide el alma en tres partes: parte concupiscible, parte irascible, intelecto.

Todos los pensamientos y pasiones fluyen de estas tres partes. Evagre identificó ocho pasiones o pensamientos malvados, fuentes de todas las palabras, pensamientos, actos impropios.

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