Profeta del Cristianismo

Rate this post

La profecía tuvo un significado religioso sin precedentes en el judaísmo y en el cristianismo. Para el judaísmo, el profeta es un individuo elegido por Dios, a menudo en contra de su voluntad, con el fin de revelar las intenciones y los planes divinos a la humanidad. Como portador de la revelación, el profeta siente la omnipresente presencia de Dios y recibe la fuerza suficiente para comunicar a otros su Palabra, incluso aunque ello pueda acarrearle la persecución, el sufrimiento y la muerte. Los autores bíblicos de los libros proféticos se dividían en el Antiguo Testamento en cuatro grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y doce profetas menores, que escribieron los libros breves: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquías, Nahúm, Habacuc.

EXPLICACIONES PROFÉTICAS

La profecía ha sido objeto de intenso debate entre los eruditos modernos, cuyas discusiones se han centrado en la cuestión de si los oráculos derivan o no de cierta fuerza externa al profeta. Unos interpretan la profecía como un fenómeno del inconsciente psicológico, que engloba alucinaciones, espejismos, conjeturas y a veces también falsedades. Otra teoría la relaciona igualmente con el inconsciente pero la rastrea hasta observarla en los más pequeños actos de Dios. Algunos historiadores de la religión consideran al profeta verdadero como alguien que, a semejanza del místico, es elevado a un estado psicológico supranormal por intervención divina.

GRANDES PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Isaías, el más largo de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Isaías, considerado por la tradición como autor del libro que lleva su nombre, hijo de Amós, nació en el seno de una familia aristocrática de Jerusalén hacia el 760 a.C. Profetizó durante los reinados de Ajaz, rey de Judá, y de su hijo y sucesor Ezequías. Según la tradición, sufrió martirio en el 701 o el 690 a.C. La belleza de su estilo y la constante nobleza de su mensaje le convirtieron en uno de los autores bíblicos más reverenciados. Aunque la totalidad del libro se atribuye a Isaías, la mayoría de los especialistas considera hoy que se trata de una obra compuesta, que tal vez alcanzó la forma en que es conocida antes del 180 a.C.

Con frecuencia, los comentaristas dividen el Libro de Isaías en dos secciones, que tienen su origen en épocas diferentes y que se caracterizan por destacadas y distintas perspectivas teológicas y estilos literarios. Los primeros 39 capítulos datan sobre todo de la época del Isaías histórico; es decir, en un sentido amplio, la segunda mitad del siglo VIII a.C. Por lo tanto, el grueso de esta sección se atribuye al profeta histórico y se denomina Primer Isaías. La segunda sección del libro (capítulos 40 al 66) han sido atribuida a diversos autores, y suele subdividirse en Segundo y Tercer Isaías.

SECCIONES DE SU OBRA

Primer Isaías

La primera sección (capítulos 1 al 39) es diversa en su carácter y forma. Por ejemplo, los primeros 12 capítulos contienen varias profecías de juicio, numerosas denuncias de abusos religiosos y sociales, algunos episodios biográficos (como el relato en primera persona del profeta acerca de su vocación en 6,1-13), una parábola (5,1-7) y un salmo de acción de gracias (12,1-6). La mayor parte de este material también es plural en su forma y estilo literarios. Además, las diversas subsecciones datan al parecer de periodos históricos diferenciados.

Las principales ideas teológicas se hallan concentradas en los 12 primeros capítulos. Según el profeta los sacrificios rituales para apaciguar a Dios son considerados aborrecibles si quienes los ofrendan tratan con injusticia al prójimo, en especial a los más pobres y desfavorecidos. Los tratados con otras naciones son vanos, porque es la mano de Dios la que rige todos los acontecimientos históricos y salva a quienes sólo creen en él. Y por último, que el pueblo de Israel será castigado por sus pecados, pero que una élite se salvará para morar en una era perfecta bajo los designios de un justo vástago de Jesé. Los comentaristas cristianos consideran que las profecías de los capítulos 7 al 12 son descripciones del Mesías y de la era mesiánica. En ocasiones, esta sección de Isaías es denominada “Libro de Emmanuel”.

Los capítulos 13 al 23 son pronunciamientos, en especial contra las naciones extranjeras y los enemigos de los reinos de Israel y de Judá, la mayoría de los cuales datan de la época del Isaías histórico, aunque no por la fuerza de este motivo tienen en ella su origen. Las principales excepciones son los pasajes posteriores relativos a Babilonia (13,1-22; 21,1-10), que no sucumbió sino hasta el siglo VI a.C.

Los capítulos 24 al 27 contienen el material que suele encontrarse en escritos apocalípticos posteriores, un estilo literario que se refiere al fin del mundo. Los especialistas en la Biblia suelen titular esta subsección con el nombre de Apocalipsis de Isaías, para resaltar que la totalidad de los diversos poemas apocalípticos de salvación, los himnos procesionales y apocalípticos, las profecías escatológicas relativas al Día de Yahvé, o día del juicio y los pronunciamientos de maldición y salvación eterna, pertenecen quizá al periodo posterior pero cercano al exilio, iniciado con la reconstrucción de Jerusalén después del 538 a.C.

Los capítulos 28 al 33 datan del último periodo del magisterio de Isaías. Su principal preocupación muestra el intento de que Judá obtenga apoyos contra Assur mediante una alianza con Egipto (30,1-7; 31,1-3). El profeta advierte que todos los intentos serán en vano, porque el pueblo ha dejado de pretender la salvación divina y de creer en ella (28,14-22; 30,1-17). Esta subsección incluye asimismo denuncias contra Samaria y Assur, y varios pasajes de consolación (estos últimos prometiendo la felicidad futura en una tierra restaurada bajo el reinado de un monarca recto y amante de la paz).

Es probable que la mayoría de los versículos de consolación date de una fecha más tardía, acaso posterior al exilio. El capítulo 33, que aquí parece fuera de contexto debido a su fuerte estilo y formato litúrgico, es considerado como otra adición posterior. Los capítulos 34 y 35 están constituidos por dos profecías en las que se recurre a temáticas escatológicas, y se estima que datan del periodo posterior al exilio. El relato en prosa (capítulos 36 al 39) del sitio de Jerusalén por Senaquerib, rey de Assur —similar a una descripción de los mismos acontecimientos en 2 Reyes 18,13-20; 19— tal vez resulte anterior al exilio.

Deuteroisaías

La segunda sección principal del Libro de Isaías (capítulos 40 al 66) puede dividirse a su vez en dos subsecciones. La primera (capítulos 40 al 55) se atribuye hoy a un autor anónimo que escribió en la época de la caída de Babilonia, en el 539 a.C. Suele denominarse “Libro de la consolación de Israel” “Deutero Isaías” o “Segundo Isaías”. El autor (o autores) de la segunda subsección (capítulos 56 al 66) son llamados “Trito-Isaías” o “Tercer Isaías”.

Segundo Isaías

Las temáticas principales de los capítulos 40 al 55 son las siguientes: (a) el dios de Israel “Dios de toda la tierra se llama” (54,5) y no existe otro sino él; (b) Israel, su siervo, será redimido del “crisol de la desgracia” (48,10) donde Dios lo dispuso “por un breve instante” (54,7) debido a su pasada ceguera y sordera para con su ley; (c) el instrumento divino para consumar la redención de Israel será el rey persa Ciro (44,28-45,4); (d) después que Dios castigue a los opresores de Israel (capítulo 7), Sión será restaurado y Dios trocará “el desierto en Edén y la estepa en paraíso de Yahvé” (51,3).

Desde las épocas bíblicas, cuatro versículos del Segundo Isaías han revestido especial importancia para los comentaristas cristianos y judíos. Se trata de los “Cantos del Siervo” (42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13-53,12) que los cristianos han considerado por tradición profecías relativas a la misión y pasión de Jesucristo, pero que el acervo judío interpreta como una representación fidedigna del Israel posterior al exilio.

Tercer Isaías

Los capítulos 56 al 66 del Isaías posterior son considerados hoy, en general, una obra compuesta, en particular debido a las numerosas variaciones de tono, al carácter litúrgico de determinados versículos (56,1-57,21) y al aparente eco de temáticas precedentes. Según esta opinión, los diversos autores (que se habrán considerado así mismos discípulos del “Segundo Isaías”) vivieron y escribieron en Jerusalén entre el final del exilio (después del 538 a.C.) y el ministerio del profeta judío Nehemías.

Las líneas maestras de su obra se caracterizan por su mayor énfasis en las reglas ceremoniales y del rito, como la observancia de los ayunos rituales y el sábado. Además, en estos capítulos, las relaciones explícitas e implícitas entre Dios y la humanidad y Dios e Israel, así como los lazos existentes entre el sufrimiento y el pecado, se aplican de una forma más restrictiva al resto de Israel. Sin embargo, los capítulos 60 al 62 recuerdan el tono apasionado, idealista y espiritual de las secciones precedentes: Jesús recitó parte de Isaías 61 en la sinagoga de Nazaret, precipitando una escena de gran dramatismo (Lucas 4,16-30).

Leave a Reply