Profetas del Cristianismo

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A lo largo del Adviento, “La Cruz” propone redescubrir a los profetas del Antiguo Testamento y su mensaje, que sigue siendo relevante hoy en día.

¿Quiénes son ellos?

Jeremías y sus “gemidos”, Isaías anunciando al Mesías como “siervo doliente”, Ezequiel y los huesos secos que se juntan y se encarnan… Los grandes profetas de la Biblia entraron en el imaginario colectivo como visionarios incomprendidos, habiendo acabado mal por haber denunciado el establecimiento de su tiempo. El profetismo bíblico, sin embargo, es mucho más amplio y complejo.

Hay dos tipos de profetas en la historia del pueblo de Israel: los “ancianos”, que aparecieron con los primeros reyes de Israel alrededor del siglo IX a.C., como Elías, Eliseo, Samuel, Natán, Gad, pero no dejaron ningún escrito; y los “escritores”, a los que se han atribuido colecciones de oráculos y libros bíblicos (Isaías, Oseas, Amós, Miqueas, Joel…).

El profetismo desapareció gradualmente de Israel alrededor del siglo III a.C., de alguna manera reemplazado por los libros de sabiduría.

¿Es una especificidad del pueblo de Israel?

El profetismo es una característica esencial de Israel, pero otros pueblos del antiguo Oriente lo han conocido. En Mesopotamia se habla del baru (vidente, adivino), pero también del muhu (extático). En la forma, nada los distingue: las tablillas de oráculo descubiertas en Mari (1800 a.C.) tratan los mismos temas, con las mismas fórmulas dirigidas al rey. Por otra parte, la relación con el poder y el culto es muy diferente de la de los profetas bíblicos: en los textos de Mari, en ningún momento se critica la institución monárquica como tal.

 

¿Existe un perfil típico?

Son muy diferentes entre sí: Isaías es un alto funcionario del rey, Jeremías y Ezequiel de los sacerdotes, Amós un granjero, Miqueas probablemente un notable de la provincia… Están muy involucrados en asuntos políticos y religiosos: Jeremías acompaña a la gente hacia la deportación a Babilonia, entonces, cuando el alcance de la tragedia se les aparece, lucha contra su desesperación y los insta a esperar en Dios. Después del exilio, Hageo y Zacarías acompañaron los primeros esfuerzos para reconstruir el templo.

La Biblia no establece realmente un criterio para distinguir el verdadero profeta del falso profeta. Deuteronomio avanza la idea de que el profeta es aquel cuya palabra es verificada en el tiempo. Jesús Asurmendi (1) señala que esto no siempre funciona. Así, pues, Ezequiel, que había anunciado la destrucción prematura de Tiro, tuvo que hacer un nuevo oráculo (26, 29)…

A diferencia de los profetas de la corte, que buscaban adular el poder, aquellos que fueron reconocidos por la comunidad creyente de Israel siempre están en contra de la corriente. De ahí su crítica a la injusticia, la opresión y la idolatría.

 

¿Cuál es su papel?

Contrariamente a lo que uno podría imaginar, su papel principal no es tanto anunciar el futuro como ser “la conciencia crítica de Israel en acción”. En griego, propheroi significa “hablar por”. En la Biblia, el profeta habla en nombre de Dios, de ahí las expresiones que abren sus intervenciones: “Palabras del Señor, dice Yavé”. Busca comprender la voluntad de Dios, el sentido de su acción, cuando la desgracia cae sobre el pueblo, y es también él quien le pide cuentas a Dios: “Me aferraré a mi puesto de guardia, me apoyaré en los atrincheramientos, vigilaré para ver qué tiene que decirme y qué responderá a mis preguntas. (Habacuc 2.1.)

 

¿Anunciaron al Mesías, y de qué manera?

Si el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia) presenta un mensaje religioso a través de la historia de un pueblo que busca a su Dios, nada, sin embargo, sugiere la venida de un salvador. El anuncio de la encarnación, de la resurrección, de la divinización se encuentra sólo en los profetas, como el anuncio de la nueva creación y de la alianza eterna, es decir, de todo lo que anuncia a Cristo, afirma Guy Desmichelle. Ellos defendieron a los pobres, pero también proclamaron al Mesías que vino a traer luz a los hombres, a endosar el mal convirtiéndose en Siervos, y a través de un amor inaudito para sellar el Nuevo Pacto que permite a los pecadores participar plenamente en la vida de Dios. Esto hará que Felipe se encuentre con Natanael en el Evangelio de Juan para decir: “Hemos encontrado a aquel de quien Moisés habló y a quien los profetas proclamaron”. (1, 45.)

 

¿Cuál es su mensaje para hoy?

Aunque a menudo se limitan a su papel de proclamadores del Mesías, los profetas tienen un mensaje actual. La frecuentación de estos libros es una forma de reconocer, hoy, los acentos proféticos dados para nuestro tiempo. Sin embargo, no siempre es obvio… “El Antiguo Testamento no nos permite directamente saber lo que un profeta va a decir, pero estamos seguros de lo que no dirá”, señala Jesús Asurmendi. Si alguien, que se presenta hoy como profeta, muestra cierto apetito por el poder o el dinero, puedes estar seguro de que es un impostor”. Por el contrario, el Papa Francisco, defensor de una Iglesia pobre y humilde, y él mismo viviendo lo que anuncia, encarna a su manera la dimensión profética de la Iglesia. Su vocación surgió en un contexto particular, en el largo conflicto con el poder argentino, destaca Jesús Asurmendi. El ex presidente Kirchner ya ni siquiera fue a la Fiesta Nacional porque sabía que iba a ser duramente bronceado por Jorge Bergoglio, no por falta de piedad, sino por su actitud hacia la gente.

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