Salmo 70 de la Biblia Catolica

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Cuando otros nos desilusionan y amenazan, nos sentimos vacíos, como si nos hubieran robado una parte vital nuestra. Cuando otros traicionan la confianza que depositamos en ellos, quebrantan nuestros espíritus. En esos momentos secos, vacíos, debemos unirnos al salmista y suplicar a Dios que se apresure a ayudarnos. Unicamente El puede llenar nuestras vidas con su gozo (70.4). Junto con el salmista deberíamos clamar: “Apresúrate a mí, oh Dios”. 70.4

Este salmo corto (similar en contenido a 40.13-17) era una súplica de David para que Dios se apresurara a ayudarlo. Aun en este momento de pánico, no se olvidó de la alabanza. La alabanza es importante porque nos ayuda a recordar quién es Dios. A menudo nuestras oraciones están llenas de peticiones para nosotros y otros, y nos olvidamos de agradecer a Dios todo lo que ha hecho y adorarlo por lo que El es. No tome a Dios a la ligera ni lo trate como una máquina expendedora de productos. Aun en medio de su temor, David alabó a Dios.

Este es un breve Salmo de David, que contiene un clamor urgente por liberación. Su contenido puede encontrarse en los últimos cinco versículos del Salmo 40. Un crítico dijo que era un fragmento insertado aquí accidentalmente. Y estaríamos de acuerdo con el crítico; pero quitando la palabra “accidentalmente”. Se le llama un Salmo para el recuerdo Ahora, ¿por qué ha sido repetido aquí dicho fragmento? Porque nuestra memoria no es muy buena, y Dios lo sabía. De modo que, aquí tenemos algunas cosas para recordar. Lean

“Acude, Dios, a librarme; apresúrate, Dios, a socorrerme”.

Aquí tenemos el clamor por ayuda inmediata.

Y el versículo 5 dice:

“Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tú; ¡Señor, no te detengas!”

Muchos de nosotros caemos en esta categoría de afligidos y necesitados y EL quiere que sepamos que es nuestro auxiliador. Él está de parte de aquellos que se encuentran en esta condición. Y ahora llegamos al:

“1.Dígnate, oh Dios, librarme; apresúrate, Señor, en socorrerme.

  1. Queden avergonzados y humillados los que buscan mi muerte. Que retrocedan, confundidos, los que se alegran con mi desgracia.
  2. Que se escondan de vergüenza los que dicen: “¡Esta vez lo pillamos!”
  3. Pero que en ti se alegren y regocijen todos los que te buscan; y los que esperan tu salvación repetirán: “¡El Señor ha sido grande!”

5.¡Tú ves cuán pobre soy y desdichado! oh Dios, ven pronto a verme. ¡Tú eres mi socorro, mi liberador, Señor, no tardes más!”

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